• Raúl Gil

Cómo y gracias a quién ha llegado VOX hasta aquí

Actualizado: may 3

El 2 diciembre de 2018 aterrizaba en Madrid desde Londres, donde por mi trabajo había mantenido diferentes encuentros con emigrantes españoles en la capital británica. Al encender el móvil, recibí la bofetada de los doce diputados de VOX en el Parlamento de Andalucía. Se acababa así la excepción española.


El último episodio de la serie de moda se rodó el pasado domingo en las elecciones catalanas, donde la fuerza de ultraderecha obtuvo el 7.69 % de los votos y once escaños, dos más que la suma de Ciudadanos y Partido Popular, convirtiéndose en el partido mayoritario de la derecha española en Cataluña. Los protagonistas esta vez no fueron señores del Barrio Salamanca desencantados con la "tibieza" del PP, sino castellanohablantes de clase media baja, que viven en barrios con porcentajes de inmigración superiores a la media y buscan en el nacionalismo español su identidad perdida.


La irrupción y el ascenso de VOX en la política española es fruto del 1 de octubre catalán, la foto de Colón y una nefasta cobertura mediática, que titula con los marcos y mensajes de la ultraderecha y contribuye a la mitificación de sus dirigentes. Pero también de la estrategia irresponsable del PSOE, sabedor de que mientras el PP tenga competencia a su derecha no podrá gobernar España. Para los socialistas es un alivio que el partido mayoritario de la derecha española se aleje del centro, asumiendo postulados de la ultraderecha y permitiéndole a VOX que lidere moralmente su bloque. Para nuestra democracia es, en cambio, una pesada carga y una amenaza que debe ser combatida. Pero vayamos por orden.

Cas Mudde, seguramente el mayor experto a nivel mundial en este espectro político, defiende que la fuerza de la derecha radical reside en las debilidades de la derecha mainstream. En un artículo en The Guardian, publicado tras el asalto al Capitolio, profundizaba en esta idea: “Los he estado estudiando durante casi treinta años y nunca los he visto tan envalentonados. ¿Cómo y por qué hemos llegado hasta aquí? A través de un largo proceso de cobardía, fracasos y oportunismo miope de la derecha mainstream.”


Dígamoslo claro: VOX es lo que es porque el Partido Popular y Ciudadanos, más débiles que nunca, le han abierto la puerta asumiendo sus ideas, sus marcos y dándoles espacio en el debate público. La han legitimado como fuerza con la que se puede llegar a acuerdos y han cedido a sus exigencias para acceder al poder. En una escala de responsabilidad por el ascenso de la ultraderecha en España, estos dos partidos estarían en la primera posición.


Pero no nos quedemos en lo evidente. Hay más y tenemos que mirar a Moncloa, desde donde ven al partido de Abascal como una herramienta para debilitar al Partido Popular y garantizarse victorias electorales. Su lógica es aplastante. Pura matemática. Cuantos más votos reciba VOX menos llegarán al PP. Mientras el partido de Casado tenga un competidor fuerte a su derecha, será imposible que gane las elecciones en nuestro país. Que pueda volver al Gobierno de España. Y eso es bueno para el PSOE.


Por eso su interés en situar a VOX siempre en el centro de todos los debates, señalar al Partido Popular como una organización sometida a la ultraderecha o darle a esta espacios que no le corresponden, como cuando en las elecciones de 2019 el candidato Sánchez eligió participar en un debate al que concurría Abascal en lugar de otros formatos más lógicos y coherentes con el contexto político español.


VOX es también el pegamento que une la frágil coalición de partidos que sustenta al ejecutivo formado por el PSOE y Unidas Podemos. Cuanto mayor sea la relevancia de la ultraderecha en el debate público mayor será la cohesión de las fuerzas que facilitaron la investidura de Sánchez. Lo del enemigo común siempre funciona. El vicepresidente Iglesias vive de eso y es tan responsable como sus socios de lo que pasa.


Pero hay otras maneras de contribuir al ascenso de la ultraderecha. Por ejemplo, ignorando cuáles son los temas que les fortalecen, con los que se sienten más cómodos porque sus mensajes simplistas tienen mejor receptividad. El desastre de la política migratoria del Gobierno de España, ejemplificado en lo que sucede en las Islas Canarias, es una oportunidad de crecimiento para VOX. Cuanto más se hable de inmigración, cuánto más lo hagamos en sus términos, más crecerán. Y contra eso sólo hay un antídoto: mejores políticas públicas y una comunicación responsable, que establezca marcos alternativos a los de la ultraderecha.


El asunto migratorio es sólo un ejemplo, pero hay muchos más. El Gobierno de España está cómodo en un escenario en el que las políticas que desarrolla se miden por lo que piensa VOX de ellas. Para la ultraderecha, en las antípodas ideológicas del ejecutivo, siempre irán demasiado lejos. El problema es que ese “demasiado lejos” no le llega a millones de españoles y españolas cuyas demandas siguen insatisfechas. Eso provoca desafección, frustración y una permanente incertidumbre que desemboca en miedo. El mejor caldo de cultivo para los discursos populistas de corte nativista, con los que la ultraderecha azuza el enfrentamiento del penúltimo contra el último.


Hace años podíamos poner la excusa de no comprender ni saber combatir un fenómeno que era nuevo, pero ahora ya no hay secretos y sabemos qué funciona y qué no. Quienes desde la política y los medios de comunicación siguen engordando a la ultraderecha son también responsables del deterioro democrático.


Además de unos medios de comunicación responsables y políticas públicas de calidad que satisfagan las demandas de la gente, hay dos cosas que necesitamos urgentemente en España:

Una derecha mainstream fuerte no cautiva de la ultraderecha y una izquierda cuya estrategia para debilitar electoralmente a la derecha no sea engordar a la ultraderecha.

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